lunes, 20 de marzo de 2017

¿Qué será de las vagas noches muertas?
¿Qué será de la compañía de los textos
y la serena soledad con ellos
para mantener nuestras mentes frescas?

¿Qué será de los libros perdidos
y la joven sonrisa atonlondrada?
¿Qué será de las cartas encontradas
y el letal placer del querer rendido?

¿Qué será, oh candorosa memoria,
el día en que me malogres y olvides
esta otra vida de pasión sin gloria?

¿Qué será, del día en que ya me domines
condenado vencedor de victorias,
ay, olvido, si no me lo impides?




domingo, 12 de febrero de 2017

4:36 de la madrugada. Llueve a mares. Busco el último cigarrillo escondido para el día que lo necesitara. Mi aliento cae en el cristal humedeciendo mi mirada. Silencio. Recuerdos. Sosiego. Momento de perdición. Me coloco justo al límite de la puerta de la terraza. Un ojo fuera y otro dentro del salón. No sé dónde mirar. En la foto de Oporto también llueve. Al lado, Times Square sigue brillando aunque sea noche cerrada. Menuda concentración de ilusiones. Y de tristezas, que también. En el cuadro del día en que me creí pintora se refleja el reloj del horno. Nunca está en hora por los apagones. O por mis propios cambios horarios.
Siento el frío y el aire. De nada sirve un abrigo si no me quiero tapar la cara. Empiezo a mojarme y mis manos se descubren cálidas. Siempre al contrario de todo. Medio cigarro. Quedan cincuenta y ocho segundos para el final. Disfruta pero regresa. No quiero perderme. El miedo vuelve. La respiración crece.
Y ahí, situada en medio de la poesía y la cotidialidad, acepto mi dualidad como única. Única forma en la que sé vivir.
Deja de llover.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Alerta naranja en la céntrica plaza del corazón de tu estómago. Próxima a tu vesícula biliar. Con balcón y vistas introspectivas. Muchedumbre en protesta de una tregua de paz entre dos corrientes de distinta salinidad. Que flotan, se tocan, se sumergen, se divierten, pero no se llegan a besar. Cual tormenta de verano jugando a empapar de risas un niño de tres años. No se sabe cuál va a ganar.
Diáfanas mis ganas de saborearte por n-ésima vez. Chocolate. Y dejar atrás el tornado azul añil que nubla mi cielo a gris. Como si de un antídoto se tratase. Aunque no nos mintamos, para eso están tus letras. Y no las de la información nutricional.
Bienaventurados los todomesalealaprimera a la segunda de cambio en su tercer vehículo de alquiler. Beátificos los todoslosdíasmelevantoigual sin una guerra entre duendes debajo de tu almohada en las vigilias en las que mejor te vigilen a ti. Esperanzados los dóndedicesqueveslapoesía si al caminar van dejando el surco de dos barras de acero de su vacío existencial. Uno por cada ojo que no ve.
Pusilánime tu pavor a tierra infértil. A la propia vida desde su nacimiento. Pánico al reloj de punta afilada. Y a la puntualidad. A la locura incipiente de dos químicos que se fusionan. En toda reacción en la conocemos los productos, pero nunca los reactivos.
Insensatez ilimitada de la que juega a discernir lo ininteligible.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Me aterra el deshielo.
Esas grandes masas
desplomándose sin miedo.
Las dunas de arena.
Tan cálidas.
Tan envolventes.
Y la escasa vegetación.
Eso también me aterra.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Ayer me hice de día
siendo de noche
en una vorágine de risas
en un sótano-bar.
Ayer me agarré
al juego de niños
y a la música joven
en un bar de adultos
que nunca serán viejos.
Ayer compartí dardos
entre perros y karaokes
en un baile desacompasado
de mortales acordes.
Ayer, sólo ayer,
dosis de vida.
Mas sin paracetamol,
aspirina o frenadol.
Tan sólo un recuerdo
de mis diecisiete.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Huir es como pintar una puerta negra en un hueco
                                                                                                         sin
                                                                                                                   es-
                                                                                                                           ca-
                                                                                                                                    le
                                                                                                                                            ras.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Me saben las flores a veneno,
el aire a vendaval
y esta energía que me quema
me ahoga la yugular.

Pulso acelerado
y paso lento.
Mido el tiempo
como si no fuera eterno.

Y no sé qué quiero
en mi fuero interno.
Y no sé que quiere
mi feroz infierno.

Porque ardiendo estoy
pero helada me siento;
con el tormento de hoy
y el besar de los versos.

Tengo la necesidad
de vaciarme por dentro,
pero tengo la sensación
de que no llegaría muy lejos.

El corazón acelerado
y de naturaleza hipotensa.
Será que no está hecho
mi cuerpo para mi cabeza.

Últimamente pienso
en si al buscarme estoy perdiendo,
pues de tanto callarme ser yo misma
¿en qué monstruo me estoy convirtiendo?

jueves, 6 de octubre de 2016

       Existe un sólo punto
desde el que observar el silencio
y la grandeza del sitio en que me encuentro;
mas sin ser observado ni tan siquiera descubierto.
Es privilegiado, radiante, jovial, efímero y suculento.
Es la estilosa gama de colores del rosáceo amanecer
la que más te hace conocer, o más bien, vislumbrar,
cuán necesario es volar. Con su entero significado.
Es la imperecedera mirada a la materia movediza.
Es la eterna vista al frente a los que llegan alto.
Es la interminable perspectiva de una misma.
Pues compartir el cielo con cientos de aves,
miles de pasajeros a través del cristal
y unos millones de ideas a la par,
es lo más parecido o similar
a ser aire sin ser polvo,
a ser agua sin ser nube
a ser luz sin ser sol.
Porque es aquí
q
u
e
sólo toco alas,
sólo oigo paz,
sólo veo más.



domingo, 25 de septiembre de 2016

Soledad,
siempre en el límite
del bien y del mal.
Siempre al acecho
y nosotros huyendo
como si no aprendiéramos
por viejos
cuánto puede echarse
de menos.
Sosiego y
aburrimiento
de necesidad.
Como una adicta
búsqueda individual
y desesperanzada.
Soledad,
eterna compañera
complementaria.
Que si estás mucho,
me vació;
si estás poco,
me reboso;
si estás a medias,
estoy a medias.
¡Ay, Soledad!
Si algún día pudiéramos
encontrar cierta paz!

miércoles, 31 de agosto de 2016

He querido abrazar el tiempo
a compases asonantes
de una rima en desacuerdos.
He traspapelado
los amagos desvaríos
de un escritor sin contrato.
He desmentido
un pasado en comas
y un futuro inadvertido.
He tarareado
absurdas verdades
de un cuento inventado.
He construido
una cabaña piramidal
alrededor de mi ombligo.
Y he pretendido soñar
en un solo pestañeo
sin casi mis ojos cerrar.
Por pasar media vida
viendo lo real imaginario
e imaginaria la realidad.